138 DE LA PASCUA DEL PADRE MANUEL d´ALZON

En el medio día de 21 de noviembre 1880, fiesta de la presentación de la Virgen María en el Templo, terminando el Cuarto Misterio Glorioso del Rosario (el de la Asunción de la Virgen María a los Cielos) el Padre d´Alzon lanzó su último suspiro.
Franco, leal, abnegado y osado. El padre Manuel d´Alzon fue por sobre todo un hombre de fe y de gran corazón.

(Mensaje de Padre Juan Carlos Marzolla a.a, Representante Legal de nuestro Colegio)

Vida del Padre d´Alzon.

Emmanuel d’Alzon, fundador de los Asuncionistas y de las Oblatas de la Asunción, era un apasionado de la educación y de la enseñanza, marcado por un espíritu de iniciativa y un gusto por el combate espiritual. De su inspiración nacieron trece ramas religiosas.

El fundador de las congregaciones religiosas de los Asuncionistas (1845) y de las Oblatas de la Asunción (1865), considerado una de las principales figuras de la diócesis de Nîmes, de la que fue vicario general durante casi cuarenta años. Una estatua está instalada en el patio de recreo de los niños de la escuela primaria, dentro del Instituto que lleva su nombre en Nîmes, testimonio de una pasión por la educación y la enseñanza que marcó su camino como bautizado, sacerdote y fundador religioso.

El hijo de un siglo turbulento

Su siglo, marcado por las revoluciones y la industrialización que se iban a producir, sólo tenía diez años y Francia estaba experimentando las primeras derrotas del Imperio Napoleónico. Manuel d’Alzon nació en el seno de una familia aristocrática cuyo padre, el vizconde Henri Daudé d’Alzon, participó en la política como diputado comprometido con la legitimidad de la derecha realista. Emmanuel vivio la juventud feliz de un niño y luego la de un joven rico, apoyado por una familia unida. Recibió la formación que caracterizaba a la élite de la época, tanto en el Sur como en París. En el corazón de la vasta propiedad familiar del castillo de Lavagnac (Hérault) maduró su elección para el sacerdocio. De adolescente, se había proyectado en la carrera militar. Sus padres le habían invitado a estudiar la ley y el poder judicial. Otra vocación se le impone sobre la base de fuertes convicciones: dedicarse a la defensa de la religión y de la Iglesia en un contexto que las desafía, y contribuir a la transformación de esta sociedad que ha promovido los derechos humanos. Será católico primero, ultramontano, luego republicano, defendiendo la superioridad de la religión sobre la política.

A los 22 años, el joven se fue durante trece meses al seminario mayor de Montpellier. Después de recibir las órdenes menores, prefirió continuar sus estudios teológicos en Roma, donde fue ordenado sacerdote en diciembre de 1834. Ese mismo año el Papa condenó las ideas de Lamennais (1782-1854), autor de Palabras de un creyente, admirado por el seminarista d’Alzon, como muchos lo hicieron en aquella época. La Ciudad Eterna seguirá siendo uno de sus destinos favoritos. Allí forjó una famosa máxima de vida para describir su catolicismo ultramontano: “Actuar por Roma siempre, nunca contra, a veces sin”.

Una multitud de obras

De vuelta en Nîmes, el abad fue notado por su celo, a veces un poco desordenado según sus contemporáneos. Un nuevo obispo, Mons. Cart, lo eligió como vicario general. “Él me empujará, yo lo detendré”, dice, como para describir un temperamento. A Manuel d’Alzon no le faltan proyectos, entre ellos el de hacerse cargo, a partir de 1844, de una escuela que estaba perdiendo impulso y transformarla en una escuela católica libre. En este mismo lugar se confirmó otra opción para este hijo de Cévennes, la de la vida religiosa, con la ayuda de laicos y sacerdotes asociados a su empresa desde el principio. El abate d’Alzon, que se convirtió en Padre d’Alzon, se inspiró en las antiguas órdenes religiosas, bajo el patrocinio de San Agustín, asociando la oración regular y la vida comunitaria del monje al apostolado del sacerdote diocesano, inscribiéndolas en su tiempo. Una nueva familia religiosa, modesta con cinco personas, se formó en la Nochebuena de 1845. A la muerte del P. d’Alzon, el 21 de noviembre de 1880, en Nîmes, la congregación estaba formada por 79 religiosos dispersos en trece comunidades (Francia y Bulgaria) y una multitud de obras. Entre ellos, la enseñanza, el trabajo de diálogo con la ortodoxia (Misión de Oriente, desde 1862), las peregrinaciones populares (a Lourdes, desde 1873), los periódicos para la formación de la opinión católica y su participación en el espacio público (Le Pèlerin en 1873 y el diario La Croix en 1883), los pequeños seminarios (o alumnados) para niños de familias modestas y los orfanatos.

La aventura misionera asuncionista, que comenzó en Australia en 1860 pero no tenía futuro, continuó en otros lugares. La congregación está presente en 31 países y cuenta con 120 comunidades (928 religiosos y 56 novicios).

Rasgos de Familia

¿Qué se conserva del carisma de Manuel d’Alzon, declarado venerable por Juan Pablo II en diciembre de 1991? ¿Qué tiene de original tomar como tarjeta de visita la cita del Padre Nuestro: “Que venga tu reino” (Adveniat regnum tuum, ART) en nosotros y a nuestro alrededor? El P. d’Alzon nos invita a centrarnos en lo esencial: el amor a Jesucristo, a la Virgen y a la Iglesia. El triple amor, en todo momento, y que puede expresarse en el presente sin dificultad: sus herederos hablan de acentos sociales, doctrinales y ecuménicos, inspirados en san Agustín, en torno a la caridad, la verdad y la unidad. Doscientos años después, estos rasgos familiares se han arraigado en nuevos territorios y culturas. En total, trece ramas religiosas nacieron de la inspiración de Manuel d’Alzon y sus sucesores. Desde el sur de Francia en los orígenes hasta los cinco continentes, el espíritu ha tomado forma.

En sus numerosas cartas (8.000 cartas), Manuel d’Alzon utiliza a menudo el adverbio en frances “rondement”. Un religioso misionero asuncionista en Corea evoca al P. d’Alzon con la palabra “yolchim” (ardor, celo, asiduidad, diligencia, seriedad). De esta palabra se deriva uno de los adverbios más utilizados en la lengua coreana, que podría traducirse como “en profundidad”. Al otro lado del mundo, en Togo, un Asuncionista habla de Manuel d’Alzon como uno que abre senderos para hombres y mujeres, incluso en esta parte de África. La intuición continúa. Como dice un proverbio africano: “Es al final de la vieja cuerda que se teje la nueva”.

Robert Migliorini
(Artículo tomado de la página de la Congregación www.assumptio.org)

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